- septiembre 14 2026
- admin_ajedrezsocialcv
Beneficios del ajedrez en edad escolar
Cómo el ajedrez potencia las funciones ejecutivas y el aprendizaje.
1. Aprender a pensar mientras jugamos
Un tablero, treinta y dos piezas y una pregunta que se repite: “¿qué puedo hacer ahora?”. Esa sencillez convierte al ajedrez en una actividad especialmente interesante durante la edad escolar. El objetivo no debería ser formar pequeños campeones ni conseguir que un niño memorice aperturas cuanto antes. Su valor educativo aparece cuando el ajedrez se utiliza como un espacio para observar, imaginar, probar, equivocarse y volver a intentarlo.
Cada partida plantea pequeños problemas. Antes de mover hay que detenerse, mirar qué quiere el rival, generar alternativas y elegir una. El niño aprende así que entre un estímulo y una respuesta puede existir un espacio para pensar. Esa idea trasciende el tablero: revisar un ejercicio antes de entregarlo, escuchar antes de contestar o buscar otra solución cuando la primera no funciona.
2. ¿Qué nos dicen las investigaciones recientes?
La investigación actual invita al optimismo, aunque también a evitar exageraciones. Una revisión sistemática publicada en 2024, que analizó trece investigaciones de la década anterior, encontró asociaciones entre la práctica del ajedrez y funciones ejecutivas como planificación, memoria de trabajo, flexibilidad cognitiva y control inhibitorio. La mayoría de los trabajos mostraban resultados favorables, aunque la evidencia no era completamente uniforme.
En 2025, Baig, Rostan y Saurina estudiaron un programa de ajedrez en escolares de 8 a 12 años durante unos cuatro meses. El profesorado observó mejoras especialmente relevantes en flexibilidad cognitiva y regulación emocional. Sin embargo, esas mejoras no fueron igualmente apreciadas por las familias en casa, un resultado que aconseja prudencia al hablar de transferencia.
Otro estudio, con 76 adolescentes y publicado en 2024, encontró también cambios compatibles con una mejora del funcionamiento ejecutivo después de tres meses de formación ajedrecística, especialmente en tareas vinculadas al control cognitivo.
3. Seis beneficios que pueden viajar del tablero al colegio y al día a día
El interés del ajedrez está en que obliga a utilizar varias capacidades a la vez:
Atención y concentración. Comprender una posición exige mantener el foco y detectar cambios relevantes.
Control de la impulsividad. La primera jugada no siempre es la mejor; “mirar antes de mover” ayuda a frenar respuestas precipitadas.
Planificación. El niño aprende a preguntarse qué quiere conseguir y qué pasos necesita.
Flexibilidad cognitiva. Si el rival cambia la situación, hay que abandonar un plan y construir otro.
Memoria de trabajo y razonamiento. Calcular secuencias exige mantener información activa, compararla y actualizarla.
Regulación emocional. Ganar, perder o cometer un error permite practicar la tolerancia a la frustración en un entorno controlado.
La conexión escolar resulta natural. Un problema matemático, una redacción o un conflicto también exigen detenerse, comprender la situación, valorar alternativas y actuar. No porque aprender ajedrez garantice mejores notas, sino porque ofrece un laboratorio atractivo donde estas habilidades pueden practicarse repetidamente.
4. Jugar primero, competir después
Para obtener esos beneficios, el ajedrez debería conservar su condición de juego: minipartidas, retos por equipos, posiciones misteriosas, juegos con pocas piezas o preguntas retadoras, pueden ser más educativos que una larga explicación teórica.
La competición también puede ser saludable. Un torneo enseña a prepararse, aceptar reglas, convivir con los nervios, respetar al rival y gestionar victoria y derrota. El problema aparece cuando el resultado se convierte en el principal criterio con el que el adulto evalúa al niño.
Competir debería ser una extensión del aprendizaje: hoy quizá el objetivo sea utilizar mejor el tiempo, comprobar las amenazas o mantener la calma después de un error. Así, ganar sigue siendo divertido, pero perder también proporciona información. La pregunta al terminar deja de ser únicamente “¿has ganado?” y pasa a incluir “¿qué has descubierto hoy?”.
5. Conclusión: mucho más que mover piezas
El ajedrez puede ocupar un lugar valioso en la etapa escolar porque combina juego, pensamiento y relación social. La investigación reciente apunta a posibles beneficios en planificación, flexibilidad cognitiva, control inhibitorio, memoria de trabajo y regulación emocional, aunque debemos ser prudentes al afirmar que esas mejoras se transfieren automáticamente a todos los ámbitos.
Su mayor potencial aparece cuando se enseña sin prisa: planteando retos, dejando pensar, permitiendo equivocarse y utilizando la competición como una experiencia formativa. No hace falta que cada niño quiera ser ajedrecista. Basta con que el tablero se convierta en un lugar donde aprender algo fundamental: pensar antes de actuar, aceptar que existen varias opciones y descubrir que equivocarse también forma parte del juego.
Referencias
Baig, M., Rostan, C. y Saurina, C. (2025). Effect of a Chess Training Program on the Development of the Executive Functions in Primary School. Psicología Educativa, 31(2), 83-90.
Barrero Trejos, S. J. y Montoya Londoño, D. M. (2024). Efecto del ajedrez en funciones ejecutivas en adolescentes. Educación y Educadores, 26(3).